Con el asesinato y el caos en su mente, Daymion decide mantener su liberación en secreto hasta que se encuentra con un antiguo compañero de celda que le había prometido ayudarlo. Juntos planean el atraco definitivo. Pero cuando Daymion intenta sacar al enemigo, se da cuenta de que están más cerca de lo que pensaba.
Para no ser atrapado, Daymion tendrá que jugar el juego hasta el final. Sin embargo, el juego ya no tiene reglas y para crear las suyas propias tendrá que hacer algunos sacrificios que nunca esperó. ¿Está Daymion dispuesto a construir otra mano para mejorar sus posibilidades de ganar o seguirá jugando la que ha tenido todo el tiempo, demostrando a las calles que siempre será el MATÓN DE ESPADAS?

